Todos queremos sentir el amor intensamente. Lo reconozcamos o no, todos anhelamos mirar a nuestra pareja y dejarnos llevar por una marea de emociones que nos embriague, nos inunde, nos haga llorar de felicidad, acaso el más bello llanto que exista. Si somos afortunados, podremos sentir algo parecido un par de veces en la vida. Normalmente, a lo más que llegamos más allá de la pubertad, superada la dictadura de las hormonas, es sentir la dulce y suave compañía de nuestr@ compañer@ de camino.
Maya y Javier son afortunados. Maya más, quizás, porque con solo mirar a su chico se echa a llorar. Literalmente. De amor. El amor de estos pájaros traviesos no se huele: se ve, se oye, se respira, se toca… y se gustan. Mira que me encuentro con parejas delante de la cámara; la mayoría de ellas comienzan la preboda con timidez, y ellos no fueron excepción. Sin embargo, en la primera tirada ya estaban riendo con descaro. Y ya no pararon. De sentir, digo. Maya ama a Javier con cada poro de su piel y Javier la corresponde desde el silencio, con suavidad, siendo su apoyo indestructible. Y punto. El resto, en ellos, sobra, es segundo plato. Includo nosotros, los que estamos a su alrededor.
Hablando de la vida, de Espiritualidad y de su boda se nos hizo de noche, MUY de noche en el majestuoso Escorial, pero le quisimos echar un rato más y acabamos jugando a la luz de las farolas al corre-corre-que-te-pillo delante de las viejas piedras de sus muros, quienes supongo se quedarían un poco envidiosas de ver tanto amor, tanta risa y tantos micro-momentos cojonudos que, desde ya, son nuestros para siempre. No de ellas, sino nuestros. Este sábado, más.
Disfrutad.
banda sonora: George Winston – Loreta and Desirée’s Bouquet, Part 1














































por Masyebra
9 comentarios